miércoles, 29 de septiembre de 2010

Caballero de la noche Parte no. IV (Ilusiones)

Ya es media noche, las luces del palacio ya se han apagado y no son las únicas en ese estado neutral, un frio inmenso recorre la habitación acompañado de un eco que podría jurar no es de este mundo, susurra mi nombre y me hace recordar aquellos tiempos.


Aun veo tu sonrisa y tus labios, aun sujetas mi mano y danzas, sonrío y me sonríes, nos amamos y somos felices ¿Qué sucedió después? ¿Cuál fue el error tan trágico que cometí? Conozco la respuesta, no ame lo suficiente, no ame cuanto debí y no ame cuando debí, he sido tan egoísta que me he guardado ese amor solo para mi, para sentirme vivo y te he dado lo que pensé debía darte, no fue suficiente, no fue suficiente.


Deambulo por el oscuro palacio, aun recuerdo los pasillos llenos de luz y tu jugando a correr en ellos mientras era yo quien te seguía solo para conocer qué extraño y loco disparate habías hecho, ahora solo el silencio perdura, no estás mas.


La habitación me habla entonces, las sombras se mueven revelándome mis sueños, aun tus ojos cristalinos me miran, aun nuestros cuerpos se entregan, sin planearlo o concebirlo te entregas a mi por primera vez y me regalas tu inocencia, confiando en que cuidare de ella, que te amare, que no hay nada que temer. Pero las sabanas ya están frías y la habitación esta tan sola que la nostalgia se posa en conjunto con la oscuridad.


Me siento en el sofá, aquel que tanto te gustaba, donde cada tarde te abrazaba y acariciaba tu cabello y ahí estas, te abrazo, te acaricio, pero ya te has ido, hace mucho…estoy solo.


¿Debe ser este mi destino? ¿debe ser este mi futuro? ¿fue cierto lo que dijo y debo quedarme solo? La respuesta me la da el silencio, si, susurra el viento, si, me dicen los condenados…


Así que lloro, me rompo en mil pedazos, caigo al suelo y me maldigo mil veces, odio, lamento y desesperanza, tristeza me quiebra y la vida ya no vale más.


Y cuando estoy a nada de aceptarlo, de resignarme de jamás volverlo a intentar ella me levanta, ella me susurra, ella se aparece, es alta y bella y de su ser emana una luz casi envolvente que me tiene estupefacto.


Se inca para poder acercarse a mi oído y me susurra palabras sin sentido, ideas de la locura y melodías de la cacofonía y entonces comprendo todo y sonrío, sonrío y me levanto para ver que ya no está.


Gracias, mi corazón exclama, gracias… y me dispongo a salir.


Tomo el caballo, cabalgo como nunca, mis ojos están rojos de la adrenalina, mis musculos tensos y mi corazón brillante.
No…es lo que exclama mi ser, no, es lo que grito, ¡NO! y con él, me fundo con la noche…


Las palabras de años atrás me acompañan “sere tu dolor cuando no quieras sentir, sere tus ojos cuando no quieras ver…” y ahora lo entiendo y comprendo y acepto mi misión, que he de ser tu infierno para poder hacerte feliz.

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